Sesión
5: Deconstrucción de la antropología y
preocupación postmoderna por la escritura
Lunes 9 de
junio de 2025
¿Cómo las
formas de la investigación y de la escritura antropológicas se convirtieron en
problemas de revisión conceptual, con preguntas sobre la autoridad etnográfica,
la etnografía (museografía) como representación, o la etnografía como género
literario? ¿Qué alternativas para la práctica de la antropología se vislumbran
desde esta crítica de la autoridad y la representación como formas de poder?
Fabian,
Johannes 2019 [1983]. El tiempo y el Otro. Cómo construye su objeto la
antropología. Bogotá: Universidad de Los Andes. Popayán: Universidad del Cauca.
“Nuestro tiempo, su tiempo, sin tiempo: negación de la coetaneidad” (63-103).
Complementaria
Clifford,
James 1995 [1988]. Dilemas de la cultura. Antropología, literatura y arte en la
perspectiva postmoderna. España: GEDISA. “Sobre le surralismo etnográfico”
(149-188).
Calhoun,
Craig 1995. Critical Social Theory. Oxford: Blackwell. “Interpretation, comparison, and
Critique” (43-69).
Me quedo pensando sobre la clase y las lecturas al respecto de la representación sobre el otro, lo otro. Intento ensayar otras salidas, pero finalmente termino pensando que la antropología no puede escaparse de cierta “tarea” de representación como parte de sus condiciones de construcción como disciplina. Aun así, creo que tampoco debería entenderse la representación en sí, en abstracto, en tanto operación de pensamiento y de comprensión del mundo, desde una connotación meramente negativa, malévola, ni que deba ser demonizada per se. En todo caso creo que es interesante analizar críticamente mediante qué mecanismos se estructuran -en distintos contextos históricos y situacionales-, esos modos de representación, a qué intereses sirven ciertos tipos de representación y no otros; qué tipos de violencias buscan justificar o condenar, etc. La negación de la coetaneidad que describe Fabian es, sin duda (bueno, me convenció Fabian), uno de esos mecanismos, y creo que el autor da claves argumentativas potentes para pensar la dimensión de la temporalidad como operativización de cierto tipo de representación del otro basado en el establecimiento de un modo particular de distanciamiento. Y entonces...quizás la tarea (la otra “tarea” de la antropología) sea esa: intentar transparentar esas formas en las que pensamos, miramos, representamos, escribimos al otro/lo otro. Poder desentrañar nuestras propias (im)posibilidades de pensar la multiplicidad, reconocer nuestras limitaciones, y acercarnos a formas de representación que se condigan de algún modo con nuestra forma de habitar éticamente el mundo, de concebir las diferencias; ir trazando algunas formas de coherencia dentro de las propias contradicciones que somos y habitamos.
ResponderBorrarY siguiendo un poco más con el debate de la clase, no creo que la etnografía pueda concebirse como género literario; más allá de los recursos que el propio lenguaje ofrece y desde los cuales ambas actividades pueden acercarse, intercambiar estilos y recursos, considero que literatura y etnografía tienen búsquedas bien distantes en relación a sus pretensiones "del decir", disímiles en sus horizontes: en términos de pretensión de saber y construcción de conocimiento la etnografía emprende un camino que se bifurca respecto del de la literatura, y por tanto, desde mi punto de vista, no pueden someterse a los mismos juicios de valor en términos ético-políticos.
Si no podemos divorciarnos de la palabra, quizás se trate justo de buscar esos “gestos del lenguaje” que mejor puedan ir traduciendo nuestro posicionamiento epistémico y ético, sin ser ingenuos respecto de que nuestras formas de conocer y decir tienen efectos en la conformación de las realidades que habitamos. Y en esa búsqueda de gestos, sí, la literatura puede resultar una valiosa compañera.
Muchos temas derivan de este comentario. Efectivamente, parte de nuestro trabajo está implicado en la producción de texto y está moldeado por formas de existencia del texto y lo textual. Pero no lo es todo, ya lo habían apuntado en clase. La idea de tener al menos cierta claridad de las formas de producción del texto, y mostrarlas, con sus complejidades y limitaciones, es importante. Agregaría sólamente que quizá podemos repensar las múltiples posibilidades de la "representación", y de la etnografía como un género de representación. Hay textos de una búsqueda casi realista de retrato, y otras de control de la representración (Viveiros de Castro habla de representar con respeto y tomando en serio al otro -no hacer caricaturas); y hay textos que lo último que quieren es representar al otro, y se esfuerzan más bien en explicar cómo es lo social (que no es un conjunto de individuos y acciones sino lo que los produce y lo que resulta, algo sui generis, una especie de fuerza no orgánica, no biológica ni psicológica); y otros que buscan hacernos casi sentir, como lectores, la experiencia de las personas (y llaman a la empatía emocional o de otro tipo, entre aquella persona etnografíada y el remoto e ignoto lector). Lean la etnografía de los silencios de Veena Das, en Life and Words. ¿Qué formas de escritura, de representación de qué, y de comunicación de qué, podríamos identificar? ¿Cuáles despiertan en nosotros más simpatía, y nos inspiran a escribir de un modo particular? ¿Qué gestos del lenguaje hacemos? Les invito a leer un audio al respecto, en: https://das-seminario-ciesas-sureste-2022.blogspot.com/2022/03/serie-escrituras-audio-4-obras.html
ResponderBorrarSaludos (y continuamos, porque faltó hablar de algo muy interesante: la narrativa, y hasta qué punto no estamos en tramas de significados, ni de textos, sino de narrativas).
Una de las cuestiones que fueron de interés para mi en esta clase, es seguir escuchando propuestas etnográficas actuales que apuestan a el distanciamiento espacio-temporal-teórico con “el objeto de estudio en la antropología” es decir la alteridad, desestimando la escritura propia (auto etnográfica) y apostando por la objetividad. Pienso que hay una pérdida en esta perspectiva de deslegitimar lo personal como material de estudio. ¿El supuesto distanciamiento con la alteridad no es otra forma de espaciación epistémica? Si bien, Fabian (1983) señala que desde la antropología clásica se ha empeñado en describir una distancia temporal, anulando la coetaneidad (una existencia compartida en el mismo tiempo histórico), ¿por qué no pensar la producción etnográfica en un mismo espacio epistémico? Apuesto al reconocimiento de las implicaciones reflexivas, afectivas y éticas.
ResponderBorrarLa antropología posmoderna ha cuestionado la objetividad y la neutralidad del/ de la investigador/a como ejes del análisis social, así como los procesos de reflexividad en la escritura etnográfica.
ResponderBorrarLos señalamientos que hace Clifford (1998) acerca de la autoridad etnográfica han sido de suma importancia en la antropología, una antropología que ha sido fundamentalmente textual pero que no se había detenido a reflexionar sobre la escritura en sí misma. En este sentido, me parece importante no perder de vista que los textos están creados en un ambiente y al mismo tiempo crean un ambiente, tienen intenciones y persiguen ciertos propósitos, a la vez que están influenciados de ciertas normas sociales, culturales o académicas. Sin embargo, no debemos dejar de lado que los alcances de la escritura (no sólo etnográfica) varían dependiendo de las múltiples interpretaciones y usos que le damos a los textos, hay muchas lecturas posibles de un mismo texto, hay muchas narrativas posibles de contar y para Clifford es precisamente la autoridad etnográfica lo que permite elegir entre una u otra; sería interesante preguntarnos si como antropólogos/as es posible renunciar a dicha autoridad y cuáles son las implicaciones de no hacerlo, o si no las tendría.
Por otro lado y a propósito del cuestionamiento que la antropología posmoderna hace acerca de la objetividad, desde mi punto de vista reconozco que en la experiencia etnográfica podemos encontrar potencial narrativo, así como en la valoración de la subjetividad y la experiencia personal en el trabajo de campo podemos generar una fuente de conocimiento. Pienso que el reconocimiento de estas experiencias vividas da cuenta del diálogo de subjetividades que se enlazan en las interlocuciones en campo, subjetividades de ida y vuelta entre quien investiga y las demás personas participantes. No me parece que lo subjetivo sea una debilidad en la investigación, sino un recurso que también nos ayuda a comprender quién escribe y desde dónde, en sintonía con lo que Rosaldo (2000) refiere como la posición social del investigador.
Las formas de investigación y de escritura antropológicas se convirtieron en problemas de revisión conceptual al hacerse evidente que la etnografía no podía sostenerse únicamente como un registro objetivo de la realidad, sino que debía asumirse como una construcción discursiva situada. Esto abrió la discusión sobre la etnografía como género literario, en tanto comparte con la literatura una condición inseparable: ambas se sostienen en la relación entre quien escribe, el contexto cultural desde el cual lo hace y el horizonte de lectura de sus receptores. En este sentido, el texto etnográfico no es un mero documento descriptivo, sino un acto de discurso que organiza, selecciona y dota de sentido a la experiencia del trabajo de campo. Al hacerlo, cuestiona las nociones clásicas de objetividad y obliga a reconocer que toda etnografía implica un trabajo narrativo que crea mundos comprensibles y significativos.
ResponderBorrarLa inseparabilidad entre texto y contexto abre la posibilidad de pensar la etnografía en diálogo con otros géneros literarios. Así como la novela histórica transporta al lector hacia escenarios pasados, reconstruyendo conflictos, injusticias o desigualdades mediante recursos narrativos accesibles y sugestivos, la etnografía traduce y recrea mundos culturales a través de estrategias de escritura propias. Incluso cuando la novela histórica se aventura en recursos como la ucronía para interrogar la historia desde otros ángulos posibles, muestra el poder de la narrativa para problematizar lo vivido. La etnografía, sin caer en el terreno de la ficción, comparte esa capacidad reflexiva, al narrar tanto lo vivido como lo posible, abre un espacio crítico sobre las realidades sociales y culturales, revelando que la escritura antropológica no es un simple espejo de la realidad, sino también una forma de imaginación.
Algunas novelas históricas que recomiendo:
El clan del oso cavernario (Jean M. Auel, 1980): recrea la vida en la prehistoria, siguiendo la historia de Ayla, una niña cromañón adoptada por un clan neandertal, lo que permite reflexionar sobre convivencia, diferencias culturales y supervivencia.
Sé que vienen a matarme (Alicia Yánez Cossío, 2007): relata la última etapa de la vida de Gabriel García Moreno, presidente del Ecuador, asesinado en 1875. La novela entrelaza política, religión y violencia, ofreciendo una reflexión crítica sobre el poder y sus contradicciones en la historia ecuatoriana.
La catedral del mar (Ildefonso Falcones, 2006): ambientada en la Barcelona medieval del siglo XIV, sigue la vida de Arnau Estanyol en un contexto de desigualdades, luchas gremiales y construcción colectiva de la iglesia de Santa María del Mar, reflejando injusticia social y aspiraciones de libertad.
Comentario de Jaime
Borrar“la etnografía está, desde el principio hasta el fin, atrapada en la red de la escritura. Esta escritura incluye, mínimamente, una traducción de la experiencia a una forma textual(..) la escritura etnografica pone en juego una estrategia de autoridad específica. Esta estrategia ha involucrado, clásicamente, la pretensión –no cuestionada– de aparecer como la que proporciona la verdad en el texto.” ( Clifford 1988) Con esto se muestra que, al ser el antropólogo quien decide qué incluir y excluir del texto, hay una construcción de escritura atravesada por el poder y esta producción de conocimiento es situado en la medida que la escritura siga reinando en el trabajo antropológico, existe una jerarquía.
ResponderBorrarEsta claro que no existe una producción objetiva en la escritura antropologica, quienes escribimos no somos maquinas, plasmamos parte de nuestro ser en las narrativas. Por la naturaliza de la etnografía compartimos recursos similares con la literatura y reivindicarlo puede mejorar la capacidad creativa y amable de escribir antropología. Creo que la idea de ser objetivos intentando utilizar un lenguanje desencarnado no puede desaparecer la naturaleza de una producción subjetiva en el quehacer antropológico. Reinvindicar a la antropologia como un genero literia más alla de restarle autoridad pienso que puede potenciar el mensaje y reforzar a partir de una narrativa mas artistica la fuerza del espiritu de nuestras investigaciones.
¿En la actualidad tenemos otros recursos de copilar la información, tal vez ya no sería necesario solo mostrar un modelo escrito, si no que se abre la posibilidad a otras manifestaciónes de captar las cosas?
La autoridad del etnografo debía consolidarse a través de un proceso cientifico y además gracias a Malinowski el trabajo de campo es significativamente importante para esta validacón de la autoridad etnografica.
Por error se mandó el texto sin que lo pudiera corregir y no lo puedo editar. Quise decir compilar, no copilar, hay erros en la colocación de los signo de ¿? pero creo que se entiende.
BorrarEn la última parte quería agregar que el trabajo de campo es un elemento fundamental sobre el que se edificó la autoridad del etnógrafo. El antropólogo es considerado poseedor de la verdad por haber estado en el campo, esa experiencia legitima su palabra, aunque obviamente esto puede ser muy cuestionable, y creo que hay etnografías que han sido escritas bajo una exotización exacerbada de la cultura, porque eso vende, y no necesariamente esos escritos están cercanos a la vida diaria de los pueblos, sino que de entrada han sido escritos para un público en específico.