Sesión
11: Antropología en un mundo bajo estrés
Lunes
11 de agosto de 2025 (Sesión doble, de 9 a 11:50 horas, y de 12:00 a 15:00)
¿Es la
antropología una disciplina humanista o cientificista, un arte, una ciencia,
una forma de filosofía o de acción? ¿Qué significa hacer teoría antropológica
en un mundo bajo estrés? ¿Estamos ya en un mundo posthumano? ¿Es la
inteligencia artificial el fin de la antropología como reflexividad del mundo
humano? ¿Existe ya una antropología artificial?
Gertenbach,
L., Lamla, J., & Laser, S. 2021. Eating
ourselves out of industrial excess? Degrowth, multi-species conviviality and
the micro-politics of cultured meat. Anthropological Theory, 21(3),
386-408. https://doi.org/10.1177/1463499620981544
Wilson,
Joseph 2022. Why AI Will Never Fully Capture Human Language (s. p.). https://www.sapiens.org/language/ai-oral-languages/
Méndez
Cota, Gabriela 2023. Filosofía y análisis crítico de la Inteligencia Artificial
(s. p.). https://estepais.com/cultura/filosofia-analisis-critico-inteligencia-artificial/
Complementaria
Deschenaux,
I., & Matthews, W. (2024). Homo anthropologicus: Unexamined behavioural
models in sociocultural anthropology. Anthropological Theory, 25(1), 30-52. https://doi.org/10.1177/14634996241231670
Grimshaw,
Anna & Keith Hart. 1994. Anthropology and the Crisis of the Intellectuals.
Critique of Anthropology. 14(3). Pag. 227-261.
Herzfeld,
Michael 2018. Anthropological realism in a scientistic age. Anthropological
Theory, Vol. 18 (1). Pág. 129–150. Disponible en: https://journals.sagepub.com/doi/full/10.1177/1463499617725473

Sobre la alimentación, los mercados y las tensiones contemporáneas (que es un tema que al parecer interesa a varias personas) les recomiendo ver la revista Regions & Cohesion, Volume 14 (2024): Issue 1 (Mar 2024); and Volume 14, Issue 2–3 (Forthcoming). Hay materiales en inglés y en español. Ir a https://www.berghahnjournals.com/view/journals/regions-and-cohesion/regions-and-cohesion-overview.xml
ResponderBorrarSaludos
En un mundo bajo estrés -marcado por crisis ecológicas, desplazamientos forzados, desigualdad extrema y aceleraciones tecnológicas- pienso que lejos de desaparecer, la antropología puede investigar ¿cómo las inteligencias no-humanas participan en la producción del mundo? y ¿cómo nos interpelan sobre lo que entendemos por “lo humano”?. En este sentido, también me pregunto desde mi tema de investigación: ¿qué significa producir teoría antropológica desde un campo que ya está bajo estrés constante, como el de las disidencias en contextos de violencia?
ResponderBorrarEn sintonía con lo que menciona Rayén, creo que pensar la antropología en un mundo bajo estrés implica reconocer que no se trata solo de un colapso externo —crisis climática, desplazamientos, violencias, desigualdades—, sino de una transformación profunda en los propios marcos desde los que producimos conocimiento. La pregunta ya no es únicamente qué estudiamos, sino con quién y desde dónde pensamos lo humano.
ResponderBorrarSi el campo mismo está bajo estrés —como ocurre en contextos atravesados por violencias y disidencias—, entonces hacer teoría antropológica no puede ser visto como un lujo académico, sino como una práctica de resistencia. Se trata de sostener la reflexividad y la imaginación crítica, incluso en medio del agotamiento y la aceleración.
Tal vez allí radique la potencia de la antropología en el siglo XXI: no tanto en clasificar o etiquetar, sino en abrir grietas de sentido en medio de la saturación. Pienso esto en diálogo con la propuesta de René Boer sobre la “porosidad en el ámbito urbano”: hacer de la grieta un canal de intervención, un espacio de fuga para sorprenderse, para el juego, para la creatividad.
Esta clase me dejó pensando sobre cómo disciplinas dedicadas a reflexionar sobre lo social, como la antropología, no llegan a igualar los tiempos de sus reflexiones y su producción de conocimiento con la velocidad del desarrollo tecnológico de las últimas décadas.
ResponderBorrarHoy más que nunca, la tecnología constituye un eje central del ejercicio de poder político y económico a escala global. Sin embargo, el estudio antropológico de este campo es incipiente y tampoco hay muchos antropólogos trabajando en estas áreas, como sí lo hacen otros profesionales de otras áreas del saber como la ingeniería, la economía, el marketing o la comunicación -por nombrar algunos- quienes suelen intervenir en el desarrollo tecnológico desde posicionamientos mayoritariamente acríticos.
En particular, me quedé pensando en las palabras de Martin Larsson cuando dijo en clase “nos estamos quedando afuera” haciendo referencia a la poca participación de antropólogos en áreas tecnológicas en donde tendrían mucho que aportar, como lo son por ejemplo las áreas de investigación o escritura en Experiencia de Usuario, las cuales han adoptado técnicas y herramientas de trabajo de campo propias de la antropología, para adquirir conocimiento empírico sobre las relaciones entre las personas y los productos tecnológicos.
Es algo que también pensaba cuando leía el artículo de Joseph Wilson, donde argumentaba por qué la Inteligencia Artificial no podía captar el lenguaje humano en su complejidad. Así, por ejemplo, la antropología tiene mucho qué decir acerca de los sesgos que reproducen los algoritmos de las inteligencias artificiales o las formas de explotación y flexibilización laboral que subyacen de sus entrenamientos, los cuales son promovidos por empresas de “primer mundo”, quienes, compran a bajo costo el registro del habla humana de personas de países considerados como “de tercer mundo” para mejorar sus modelos.
En este punto, considero que el desarrollo tecnológico constituye un campo de disputa política poco explorado y en el cual los pensadores sociales tenemos la tarea ineludible de participar, desnaturalizando la neutralidad de las practicas tecnológicas y señalando sus efectos de poder, así como sus potencialidades críticas y posibilidades lúdicas.
Dejo un docuemtnal que habla sobre la problemática transnacional de los trabajadores de datos: https://www.youtube.com/watch?v=hw7kVyxaPD0
Y comparto el caso de WPLACE como ejemplo de las posibilidades lúdicas, políticas y creativas la tecnología, esta vez vinculadas al arte colaborativo digital:
https://www.youtube.com/watch?v=Qt7rfoHCBv0
Al igual que Emilia, considero que la inteligencia artificial no representa el fin de la antropología como reflexividad del mundo, sino un reto y un campo emergente para su ejercicio crítico. Nos encontramos en un contexto donde la llamada cibercultura transforma la manera de ser, pensar y relacionarnos en espacios virtuales, cuyo motor y símbolo es el internet. Esta red no existe por sí sola, requiere de los internautas, quienes la crean, mantienen y resignifican. Así, un número creciente de personas participa activamente en este espacio virtual, modificando las nociones de tiempo, espacio y sociabilidad, lo que obliga a la antropología social a problematizar estos nuevos escenarios culturales. Sin embargo, es necesario marcar los límites de estas tecnologías. Herramientas como ChatGPT son útiles para complementar procesos educativos y de investigación: ayudan a organizar información, preparar entrevistas, traducir, codificar y analizar datos.
ResponderBorrarPero no alcanzan la reflexividad, el análisis crítico ni la comprensión situada que son constitutivos del quehacer etnográfico. La IA no puede realizar observación participante, captar los matices de una entrevista o construir significados desde la experiencia vivida. En este punto, se reafirma que la antropología no puede ser reemplazada, pues su objeto no es únicamente la información, sino la interpretación de la experiencia humana en contextos específicos. La IA no significa el fin de la antropología, sino un llamado a repensar sus herramientas y objetos de estudio en un mundo donde lo digital y lo humano se entrelazan.
A mí lo que me pareció relevante del trabajo y el ejemplo de Larsson sobre nuevas herramientas tecnológicas en el fútbol, y creo que es aplicable a la discusión sobre la IA y las nuevas tecnologías, es ver que las resistencias o la aceptación de lo nuevo, son negociaciones que tienen que ver con la identidad de las personas, sus valores y sus aspiraciones, lo que entra en crisis es una forma de ver y vivir el mundo. La tecnología interpela la vida, y en esa interpelación se tienen que negociar cosas. Yo creo que las resistencias a la tecnología son importantes, porque su incorporación a nuestros mundos se puede dar de una manera más crítica y con una mirada amplia sobre sus bondades y sus riesgos.
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