Sesión 4: Confrontación de la antropología con la situación colonial

 

Unidad II - Antropologías emergentes (entre finales del siglo XX y el presente)

Sesión 4: Confrontación de la antropología con la situación colonial

Lunes 2 de junio de 2025

¿De qué manera la situación colonial se volvió un elemento central en la construcción de argumentos en torno a lo que ha sido y es la antropología? ¿De qué forma los argumentos antropológicos institucionalizados hacia la era de la postguerra sufrieron transformaciones sustentadas en el cuestionamiento de la condición colonial? ¿Qué implicaciones tuvo esa discusión en las múltiples formas en que se propuso desarrollar la teoría y la investigación antropológica?

Bibliografía

Stocking, George 1991. Colonial Situations. Essays on the Contextualization of Ethnographic Knowledge. Madison: The University of Wisconsin Press. “Colonial situations” (3-8).

Mignolo, Walter 2000. Local Histories/Global Designs. Coloniality, Subaltern Knowledge and Border Thinking. Princeton: Princeton University Press. “Border Thinking and the Colonial Difference” (49-88).

Complementaria

Stocking, George 1991. Colonial Situations. Essays on the Contextualization of Ethnographic Knowledge. Madison: The University of Wisconsin Press. “Maclay, Kubary, Malinowski: Archetypes from the Dreamtime of Anthropology” (9-74).

Colwell, Chip 2016, Collaborative Archaeologies and Descendant Communities, Annual Review of Anthropology Vol. 45:113-127, 2016. https://doi.org/10.1146/annurev-anthro-102215-095937

Comentarios

  1. Leer a Mignolo me permitió comprender con mayor profundidad histórica lo que implica hablar de lo “occidental” y de “colonialidad”. Aunque su texto es denso, ofrece claves para entender que la colonización no fue sólo un evento del pasado, sino una cuestión que persiste: en la vida cotidiana, en las formas de investigar, en las epistemologías que adoptamos y en la manera en que nos relacionamos con los otros durante el trabajo de campo.
    Mientras lo leía, pensaba en el dicho “hierba mala nunca muere”, porque los efectos del colonialismo siguen vivos. En ese sentido, la noción de “colonialidad del poder” puede leerse como una invitación a mirar críticamente el presente. ¿Qué implica realmente descolonizar el conocimiento sin caer en idealizaciones? El reto está quizás en utilizar esta herramienta crítica sin romantizar la descolonialidad, como si fuera una salida limpia o, como si ya la hubiéramos alcanzado.

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  2. Esta clase me motivo mucho, sobre todo porque había estudiado el giro decolonial desde Quijano y me resulto interesante leer un trabajo como el de Mignolo, en donde dialoga con tantos otros autores.
    Sigo pensando en que la mayor fortaleza del pensamiento decolonial es la critica hacia la persistencia del colonialismo en la producción del conocimiento, las estructuras de poder y las formas de construcción de subjetividad. Sin embargo, sigo pensando en que algunas debilidades de estas propuestas pueden ser 1) la excesiva centralidad de América en la conformación de occidente –pienso que oriente y áfrica tienen un rol diferente, pero insoslayable- y 2) una actitud excesivamente taxativa al desestimar producciones críticas por haber sido producidas en el seno de las epistemologías occidentales. Creo que es un desacierto rehusarse a enriquecer el pensamiento con propuestas críticas por el hecho de ser, por ejemplo, francesas. Sin desprestigiar la enorme potencia de los trabajos que desde hace años vienen haciendo autoras y autores de las epistemologías del sur, me pregunto entonces ¿Es menester escindir el pensamiento crítico bajo criterios geográficos? ¿Cómo establecemos canales de entendimiento y co-construcción transformadora si replicamos desestimaciones, como en el caso de Mignolo? ¿O es que acaso la traducción es imposible y debemos volvernos opacos en nuestra inconmensurable diferencia?

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  3. Coincido con los comentarios de Erika y Emilia. Valoro el estado del arte que hace Mignolo al recorrer distintos autores decoloniales, ofreciéndonos un buen resumen de sus ideas. Por un lado, comparto la importancia de cuestionarlo todo y buscar la complejidad, pero sin dejar de señalar argumentos frágiles cuando los haya. Creo que el gran desafío de las corrientes decoloniales es que intentan dar metaexplicaciones a siglos de opresión que, en realidad, se vivieron de formas distintas en cada lugar. Y lo hacen proponiendo paradigmas antihegemónicos que, muchas veces, chocan con narrativas históricas ya establecidas.
    En las teorías decoloniales de Mignolo —al abarcar cientos de años de historia de América y el mundo— no sorprende que haya lagunas o simplificaciones. Pero esto mismo se ha criticado en otras teorías universalistas, como el marxismo o los feminismos de distintas olas. Por ejemplo, las ideas de Marx no eran aplicables tal cual a todos los contextos locales, pero eso no las invalidó: muchos las adaptaron para analizar realidades concretas. De igual modo, las propuestas decoloniales no deben juzgarse individualmente, sino como herramientas que hay que contextualizar.
    Personalmente, veo las corrientes decoloniales como críticas necesarias a siglos de subordinación racista y a la colonialidad que persiste hoy. Su valor está en permitir verdades locales y descentralizar la visión única eurocéntrica-blanca-hetero-patriarcal.

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  4. Contextualizar resulta clave, en este y en otros temas. De algún modo se trata de usar argumentos construidos con ciertas herramientas e información, para ciertas complejidades, y volverlos elementos catalizadores de nuevas preguntas en otros contextos. Pero estoy de acuerdo en algo, no debemos presuponer la distribución espacial, temporal y modal de la "crítica", y podemos encontrar modos de comunicación que transformen las condiciones históricas del diálogo, y que hagan que una investigación específica tenga relevancia para construcción de conocimiento en muchas otras circunstancias. Y un último punto, más como pregunta: ¿Hasta qué punto América, la conquista y lo colonial, es tan central y trascendental para la explicación del todo? Tengo la impresión de que la historia global es de una complejidad mucho mayor y poliédrica, con muchas más contradicciones e incertidumbres ireeductibles a la colonialidad. Por eso me parecía pertinente el análisis de la situación colonial en George Stocking. Al final de la presentación en power point de esta clase sugiero otras lecturas al respecto.
    Saludos

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  5. Aludiendo a la pregunta que abre este foro, creo que un punto central en la transformación de ciertos argumentos de la antropología tiene que ver con la irrupción y el desplazamiento del pensamiento desde la “situación colonial” a la noción de “colonialidad”, que puso de relieve dimensiones nuevas y generó una apertura original para pensar procesos históricos desde sus efectos en el presente y los modos en que estos siguen actuando hasta hoy en nuestras formas de subjetivación, de conocimiento, con impactos también materiales, opresiones y violencias que siguen imprimiendo huellas en las lecturas y posibilidades de ser, hacer, entender, actuar en este mundo (en esta parte del mundo al menos). Creo que esa operación de pensamiento abrió preguntas fundamentales, ineludibles, incluso aunque no las abordemos explícitamente ni optemos por trabajar particularmente desde el campo de los estudios decoloniales/poscoloniales o estos no formen parte de nuestros marcos teóricos de manera directa.
    Por eso me hace más sentido entender la colonialidad/decolonialidad no tanto con un cuerpo de estudios o teorías específicas, explicativas de todo ni tan claramente delimitadas, sino como una gran y profunda pregunta presente al respecto de nuestra(s) forma(s) de estar en el mundo; pregunta que sobrevuela (o se infiltra) nuestras formas de hacer trabajo antropológico …¿siempre, en cualquier lado, en todos los contextos? No, seguramente no. Quizás, apenas, en estos suelos que pisamos. El pensamiento decolonial/poscolonial ensaya provocativamente modos de pensar los efectos del devenir histórico en el presente y en el futuro, el cómo las interpretaciones de lo que podemos asir del pasado permea nuestros presentes, las formas de pensarnos y hacer nuestro mundo hoy, y también en el de imaginar hacia adelante. No desde una idea de tiempo lineal sino desde temporalidades recursivas interrelacionadas que permiten, justamente, mirar en retrospectiva prácticas y discursos que nos precedieron, volver a revisarlos, pensarlos, interpretarlos, tanto como hacerlos presentes en las posibilidades de configurar, quebrar, moldear otros imaginarios, proponer modos alternativos (teóricos y prácticos) de imaginar el mundo y las relaciones en él.
    Y este “pensamiento-pregunta colonialidad/decolonialidad” emerge, sí, con foco claro en los efectos de las prácticas más violentas perpetradas contra pueblos enteros, como reacción viva a esa violencia ejercida y consumada; no se plantea poner en valor las “bondades” del colonialismo (aunque esto no significa que no podamos preguntarnos por ellas), pero el foco político del desarrollo del pensamiento decolonial está en develar la imposición por la fuerza de ciertas estructuras de poder que persisten -transformadas- hasta hoy y, al reconocerlas, generar alternativas.

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  6. Me parece oportuna la lectura de Mignolo, a una serie de cuestiones: la primera en torno a que las experiencias de modernidad/colonialidad son radicalmente diferentes (territorialmente y lingüísticamente), esto da cuenta de las diferencias de las relaciones de poder, racismo y hegemonía que suscitaron en extremos diferentes del mundo. Apunto sobre esto, debido al uso recursivo en la literatura sobre Oriente/Occidente (con mayúsculas) que ha incitado a pensar en dos grandes bloques desdibujando experiencias locales desde los procesos de colonización, expansionismo y en muchos casos, exterminio.

    Un segundo aspecto que es importante señalar es que los proyectos modernidad fueron motivados por una agenda económica, geopolítica y colonial. Dichos proyectos pensados espacio temporales: por un lado el pasado debe ser borrado y por otro, la promesa de descubrimiento y extensión de la modernidad, en el primer caso las ideas en torno a África/Asia y en el segundo a América.

    En la sesión recuerdo que se lanzó la pregunta ¿quién es decolonial aquí? Apelo a que más que un sentido de “identidad” y “congruencia ético-política” las teorías decoloniales (en su multiplicad) apuntan a poner en la mirada las relaciones de poder que suscitan a partir de hechos históricos que en la actualidad mantienen una prolongada y estable continuidad de ejercicio del poder sobre los territorios y los cuerpos (cómo lo que hemos visto en tiempo real en la franja de Gaza). Apuesto que cómo paradigma/herramienta (como otros paradigmas) es importante considerar tales cuestionamientos desde la academía, la comunidad epistémica tendría que mantener la libertad de elección de posicionarse en uno u otros paradigmas y cambiar de acuerdo a su procesos pedagógicos, personales y políticos, aún con las contradicciones. Apuesto por crear espacios para mantener diálogos desde perspectivas críticas (sin generar una saciedad semántica en la perspectiva crítica como recurso político) por ende, la vigilancia epistémica encuentra las posibilidades de generar saberes colectivos.

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  7. La crítica a la decolonialidad, es algo que vengo masticando y reflexionando, para mí, implica por un lado reconocer que hablar desde el Sur no es una garantía y por otro, requiere volver a preguntarnos: ¿colonialidad pensada desde dónde?.
    En un principio no creo que exista una solución pero sí una transformación, que intente lidiar con el dilema de escribir desde marcos conceptuales heredados y, al mismo tiempo, buscar formas narrativas y políticas que incomoden, disputen o alienten a la creación de algo nuevo.

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  8. En esta sesión sobre la relación de la antropología con la colonialidad la discusión me colocó en una posición de cierta incomodidad productiva. Por un lado, asumir que la disciplina nació como herramienta del proyecto colonial implicaría reconocer que algunos de nuestros marcos de análisis están atravesados por esa herencia maldita 😊 y de alguna forma más que superar esta condición, creo que la antropología actual debe buscar asumirla de una forma crítica: reconocer como es que operan en nosotros mismos como antropólogas y antropólogos ciertas jerarquías epistémicas, y también qué estrategias desplegamos para desobedecer estas jerarquías en las mismas clases, en el compartir la antropología. Mi postura sería que la antropología para tener sentido hoy como disciplina ante el mundo, debe ser una práctica que acompañe, visibilice y comprenda los procesos de descolonización, y la colonialidad en sí misma a nivel histórico, estructural y político. Es decir, en tiempo pasado, presente y futuro (con miras a una descolonización total). Ver el estado de la colonialidad en estas diferentes dimensiones permite reflexionar acerca de la manera en que articulamos nuestros discursos y producimos y compartimos conocimiento.

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  9. A mí me parece que estudiar el colonialismo como proceso histórico y la colonialidad como una continuación de ese régimen y como herida del presente, sigue siendo vigente al momento de analizar la realidad, de entender las plataformas teóricas y conceptuales desde las que hablamos en la antropología y al momento de acercarnos al campo. El colonialismo construyó posiciones sociales a lo largo de la historia que aún juegan un papel significativo a la hora de hacer trabajo de campo. El racismo es una de las relaciones sociales que tiene su origen en el colonialismo y sigue siendo de total vigencia en la forma de relacionarnos socialmente.
    Por otro lado, cuando usamos palabras en la antropología, seguimos reproduciendo nombres que responden a dinámicas de poder que se nos fueron impuestas. Por ejemplo, Mignolo muestra cómo el término de América Latina, fue difundido socialmente gracias a las ciencias sociales, y respondió a una forma de nombrar un territorio bajo intereses imperialistas.
    Hablar de colonialismo y colonialidad me parece que sigue siendo una categoría pertinente y vigente hasta el día de hoy. Claramente, no tiene la capacidad de explicarlo todo, pero sí es un referente clave para conocer y reflexionar como estudiosos del campo de lo social.

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