Sesión 7: La antropología como giro ontológico y el perspectivismo

 

Sesión 7: La antropología como giro ontológico y el perspectivismo

Lunes 23 de junio de 2025

¿Por qué se habla de un giro ontológico y de una crítica de la perspectiva epistemológica dominante en la antropología? ¿Qué significa el llamado a construir teoría antropológica desde la etnografía y no al revés? ¿Cuáles son los principales puntos de la teoría antropológica de los que toma distancia el llamado perspectivismo?

Viveiros de Castro, Eduardo 2014. “Who’s afraid of the ontological wolf?”. The Cambridge Journal of Anthropology, Vol.33: Núm. 1, Pág. 2-17.

Pitarch, Pedro 2020. “Introducción: Seis posibles cualidades de una etnografía experimental. Mesoamericana” (7-30). En Pedro Pitarch (editor). Ensayos de etnografía teórica. Mesoamérica. Madrid: Nola Editores.

Complementaria

Viveiros de Castro, Eduardo 2013. “El perspectivismo retoma la antropofagia oswaldiana en nuevos términos” (79-94). En La mirada del jaguar. Introducción al perspectivismo amerindio. Entrevistas. Buenos Aires: Tinta Limón.

Graeber, David 2015. Radical alterity is just another way of saying “reality”, A reply to Eduardo Viveiros de Castro, Hau: Journal of Ethnographic Theory 5 (2): 1–41

Comentarios

  1. La clase me pareció muy interesante – antropología de representaciones (o no representaciones), comprender a la alteridad desde su multiplicidad y tomando en serio su pensamiento sin caer en exotización ni rechazar sus maneras de comprender -. Esto, con relación a la etnografía de Pitarch de ch’ulel, reconozco su intento de seguir la propuesta de Strathern de comprender cada cultura en sus propios términos. En luz de la clase que discutimos a James Clifford y Johannes Fabian, me pregunto, ¿qué tanto cae Pitarch en encapuslar al pueblo Tseltal con la explicación del ch’ulel? Es decir, ¿qué importancia sigue manteniendo el ch’ulel en el presente comparado a cuando Pitarch lo estudió? ¿cómo concebiría Pitarch el ch’ulel como filosofía Tseltal tras la protestantización de la región? Pienso que todos caemos en huecos en nuestros pensamientos y como disciplina tenemos que ayudarnos a señalarlos y replantear.

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  2. Me parece que las lecturas de esta clase siguen abriendo preguntas interesantes sobre discusiones que insisten en quedarse cuando pensamos el objeto de estudio de la antropología, pero también cuando pensamos los diversos modos de entender en sí mismo el trabajo antropológico. Me parece central la cuestión del "sentido", del juego de reflejos en el sentido/sinsentido permanente que surge del encuentro con realidades que nos son distantes o extrañas (o incluso de algunas cercanas, pero que volvemos a mirar pero desde esta posibilidad de extrañamiento). Me pregunto qué tan accesible o remota nos resulta la posibilidad de captar el sentido del mundo que construyen (construimos) las personas, los pueblos, los grupos con quienes intentamos trabajar. Siento que hay posiblidades de acercarnos a ello, a alguna fracción de ello, pero tal vez lo más difícil sea poder dar cuenta de la mutabilidad, de la transformación permanente, del movimiento; quizás por eso nuestro pensamiento cae en esos huecos que menciona Marcos: en cuanto dejamos huellas (escritura como huella) de cierto acercamiento sobre el sentido de algo, esas huellas ya no bastan, parecen marcas estáticas sobre algo que en sí mismo está en transformación, de algo que ya cambió, que se trastocó en el mismo momento en que fuimos construyéndolo.

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  3. El giro ontológico ha representado un cambio de enfoque en la construcción del conocimiento antropológico al poner de relieve que no existimos en un solo mundo interpretado de múltiples formas, sino que existen mundos diferentes. La lógica epistemológica representacional que había dominado la producción antropológica desde sus inicios, ahora se pone en cuestionamiento ante la posibilidad de comprender la alteridad a partir de la comprensión de mundos diferentes, reales y no subordinados.
    Aportes clave de autores como Descola, Viveiros de Castro (con influencia de Strathern), con antecedentes como Ingold o Latour incluso, han contribuido a comprender el cambio de paradigma que ha significado pasar de una epistemología a una ontología en el quehacer antropológico.
    Trayendo de vuelta la pregunta “¿Qué es lo que hace especial a los humanos?” podemos problematizar la forma en que se ha estructurado el pensamiento antropológico cuyos enfoques clásicos han seguido como eje central el dualismo naturaleza-cultura ramificándose en otros más como objetividad-subjetividad o mente-cuerpo. Lo que ha permitido una proliferación de estudios sobre el giro ontológico en los últimos años es justamente el reconocimiento que hace de la existencia no de un solo mundo que puede ser interpretado de formas diversas, sino la existencia misma de diferentes mundos habitados por entidades humanas y más que humanas, tal como señala Rozo (2022).
    Este cambio de enfoque supone un reto para quien asuma el quehacer antropológico pues se contrapone con la clásica forma de producir conocimiento etnográfico. Esto al mismo tiempo “suma” algunas dificultades como la duda de que el estudio de lo ontológico es incapaz de producir conocimiento científico, no obstante, la apuesta por la apertura ontológica abre otras posibilidades de hacer ciencia que se van haciendo camino cada vez más en la antropología.
    Para conocer un poco más sobre el tema sugiero dar un vistazo a “Hacia Antropologías de la Vida. Desafíos y cuidados ontográficos y multiespecie”, una compilación realizada en 2022 en donde se recogen artículos y ensayos que abordados desde el enfoque ontológico. https://www.academia.edu/78084515/Hacia_Antropolog%C3%ADas_de_la_Vida_Desaf%C3%ADos_y_cuidados_ontogr%C3%A1ficos_y_multiespecie

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  4. Me parece que el giro ontológico y el perspectivismo amerindio nos invitan a repensar qué entendemos por “realidad” y por “humanidad”. Pensar desde estas perspectivas, nos obliga a escuchar más allá de la traducción y a sostener la incomodidad que produce encontrarnos con lógicas que no encajan dentro de las nuestras. En esta misma línea (reflexiono desde mi tema de investigación), ¿qué pasaría si tomáramos en serio la idea de que el cuidado es una relación ontológica que también incluye vínculos con lo no-humano?

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  5. Este giro ontológico me interpela en tanto, revela la necesidad de cuestionar las categorías que la antropología durante décadas ha entendido como universales. Observar una variedad de cosmovisiones en términos de una nueva comprensión de la alteridad cabe como una posibilidad latente ante un momento donde las ciencias sociales parecen estar en estancamientos epistemológicos al intentar separarse de la racionalidad occidental. Sin embargo, también genera en mí una sospecha: ¿hasta qué punto este perspectivismo “amazónico” en diálogo con el lenguaje académico occidental, puede terminar siendo otra apropiación epistémica por parte de occidente? Situando entonces mi postura en un estado de tensión: donde se reconoce la potencia crítica de la posibilidad de abrirnos a múltiples mundos, pero también teniendo esta sensación de que debemos cuidarnos de romantizar nuevas ontologías o despolitizar las luchas en el intento de explicar a estos otros, frente a una visión occidental, académica y acumulativa en términos de conocimiento científico. La clave entonces sería no replicar el exotismo ontológico, sino dejar que las diferentes formas de habitar el mundo desestabilicen nuestras propias certezas teóricas. Quizá, la asimilación de una ontología diferente a la mía sea posible solamente en un ejercicio de alteridad radical. ¿Cómo transformar entonces el yo científico sin deslegitimar su autoridad etnográfica?

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