Encontré otro video del canal que sugeriste: ¿Crisis u oportunidad? Moloch, la inteligencia artificial y el camino equivocado del tecno-optimismo. Pensar la inteligencia artificial como un Moloch moderno —ese dios-monstruo que devora— me parece una imagen provocadora. Y creo que aquí la antropología tiene mucho que decir. Porque más allá de dejarnos llevar por la fascinación tecnológica o por el miedo apocalíptico, lo que necesitamos es hacernos tiempo para filosofar, detenernos a pensar en serio qué significa habitar este presente.
En este punto me resuena lo que plantea Gabriela Méndez Cota: la responsabilidad ante la tecnicidad de nuestras vidas. Tal vez la tarea antropológica, bajo estrés, sea precisamente esa: no siempre ofrecer respuestas rápidas, sino abrir preguntas, generar grietas y sostener espacios porosos donde imaginar otras formas de convivir con lo más-que-humano, sin entregarnos por completo a los dioses devoradores de nuestra época.
Y creo que eso fue también lo que se intentó en la clase: empujarnos a repensar, a cuestionar, a no dar nada por sentado. Gracias por abrir ese espacio, porque en medio de la saturación, detenerse a pensar colectivamente ya es, de por sí, un gesto de resistencia.
Por una experiencia teórica porosa y de relajo
ResponderBorrarhttps://youtu.be/UzW31CuLb9w?si=YOTIv-NdUM8E74en
Encontré otro video del canal que sugeriste: ¿Crisis u oportunidad? Moloch, la inteligencia artificial y el camino equivocado del tecno-optimismo.
BorrarPensar la inteligencia artificial como un Moloch moderno —ese dios-monstruo que devora— me parece una imagen provocadora. Y creo que aquí la antropología tiene mucho que decir. Porque más allá de dejarnos llevar por la fascinación tecnológica o por el miedo apocalíptico, lo que necesitamos es hacernos tiempo para filosofar, detenernos a pensar en serio qué significa habitar este presente.
En este punto me resuena lo que plantea Gabriela Méndez Cota: la responsabilidad ante la tecnicidad de nuestras vidas. Tal vez la tarea antropológica, bajo estrés, sea precisamente esa: no siempre ofrecer respuestas rápidas, sino abrir preguntas, generar grietas y sostener espacios porosos donde imaginar otras formas de convivir con lo más-que-humano, sin entregarnos por completo a los dioses devoradores de nuestra época.
Y creo que eso fue también lo que se intentó en la clase: empujarnos a repensar, a cuestionar, a no dar nada por sentado. Gracias por abrir ese espacio, porque en medio de la saturación, detenerse a pensar colectivamente ya es, de por sí, un gesto de resistencia.